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martes, 14 de noviembre de 2017

Ana Grynbaum – La dimensión freudiana de los exvotos mexicanos -

¿Por qué me conmueven los exvotos pintados mexicanos? ¿Por su valor artístico, por su expresión patética, por la fuerza de su invocación metafísica…? Por todo esto y algo más, que me aventuro a llamar su
propiedad terapéutica, en el sentido lato del término: tratamiento de dolencias.


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En México, desde la colonización española y por influencia de la tradición católica se desarrolló en el terreno del exvoto (ofrenda de gracias) en su forma pictórica un género de arte popular que permeó todos los estratos sociales y que en algunos lugares continúa vivo. Talpa de Allende en Jalisco es uno de esos lugares, como documenta el hermoso libro de Elin Luque Agraz, “El arte de dar gracias: los exvotos pictóricos de María del Rosario de Talpa” (2014). De aquí en adelante cuando hable de exvoto sin más estaré refiriéndome a los exvotos pintados mexicanos.

Estos exvotos son láminas (en su mayoría óleos sobre tela, madera o cartón) que por lo general miden entre veinte y treinta y cinco centímetros de lado. Pueden ser realizados por los propios donantes o por artistas populares que se dedican a ello (“retableros”) pero en todos los casos su contenido está dictado por el ofrendante, quien a menudo coincide con la víctima de una situación que gracias a poderes sobrehumanos pudo ser superada.

El destino original de los exvotos es el santuario de la figura a que van dirigidos (la Virgen, Cristo, los santos) aunque el comercio del arte los ha desviado en otras direcciones. Muchos exvotos se encuentran fuera de México, especialmente en los Estados Unidos. Dentro de México una de las principales colecciones, con alrededor de cuatrocientas láminas, perteneció a Frida Kahlo.

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En lo formal la mayoría de los exvotos presenta un interjuego entre el fondo y el primer plano. En el fondo se representa una escena que amenaza la vida o la integridad de una o más personas, en la que el ser humano se encuentra en posición de desvalimiento. El repertorio de circunstancias amenazantes incluye enfermedades y operaciones quirúrgicas, accesos de locura y embriaguez, accidentes automovilísticos, con caballos, de aviación, naufragios, lesiones por rayos, inundaciones, estadías en prisión, situaciones en que se es víctima de violencia doméstica, social o de la delincuencia organizada (fusilamientos, ahorcamientos, desapariciones, secuestros, extorsiones), etc. La situación traumática suele ser minuciosamente representada.

En primer plano aparece la divinidad protectora a quien se adjudica la resolución de la situación de peligro y a menudo junto a esta también se ve a los fieles en posición de veneración, reconocimiento de la ayuda recibida y agradecimiento. También se incluye un letrero (“cartela”) manuscrito que explica la situación y brinda datos precisos acerca del donante, la víctima, la situación catastrófica y la salvación.

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El exvoto muestra y dice, emplea dibujos y también palabras, como si un solo canal resultara insuficiente para comunicar lo extraordinario de su mensaje, pues este pertenece al orden de lo sobrenatural. El exvoto no solamente da cuenta de un milagro sino, especialmente, de una relación particular, única, entre el devoto y su divinidad. En el exvoto la relación entre ambos es directa, es decir, no mediada por la institución eclesiástica. De hecho, el exvoto constituye el vehículo, la realización y la prueba de esa relación con una deidad personal, íntima, atenta y generosa. Con frecuencia se dirigen a la Virgen María en tanto figura materna caritativa.


El ofrendante busca que la intervención divina sea expuesta ante los ojos de la comunidad, como testimonio del poder y de la buena voluntad de la divinidad local, favoreciendo su fama, a modo de pago del favor recibido. Si bien la realización plástica es frecuentemente anónima, los datos de identidad del donante están claramente establecidos, se trata de un testimonio que debe documentarse detalladamente en forma pública.

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La estructura narrativa básica del exvoto se puede esquematizar de la siguiente manera:

SITUACIÓN COTIDIANA / CATÁSTROFE O INMINENCIA DE LA CATÁSTROFE / SALVACIÓN MILAGROSA / AGRADECIMIENTO 

Del análisis de los diferentes exvotos se desprende que la catástrofe en juego se define por su cualidad subjetiva. El sujeto padece su desvalimiento y por ello recurre a un poder superior.

También el concepto de lo sobrenatural depende de una valoración subjetiva. Desde una pretensión de objetividad parece imposible equiparar un estado de ebriedad con la caída de un rayo, ser liberado de la prisión con tener hipo, caer por un barranco con que las aves del gallinero estén apestadas... En ocasiones, lo que se agradece es que el mal no fuera aún mayor o que lograra encausarse de alguna manera. María del Rosario de Talpa cuenta con un exvoto donde una mujer agradece que su hermano no muriese sin confesión y otro en el que se agradece la recuperación de un cadáver tras un naufragio.

Por otra parte, es claro que estos exvotos son producto de cierto sincretismo entre la religión católica y la creencia animista propia de la sensibilidad indígena prehispánica, en cuyo arte aparecen con frecuencia las fuerzas de la naturaleza antropomorfizadas así como deidades que influyen sobre el devenir de la Tierra y del ser humano. A la manera de un dios antiguo la Virgen del Rosario puede rescatar al fiel de ahogarse en un río, de ser comido por un tiburón en altamar e incluso de las garras de la locura.

Como enfatiza Luque Agraz el exvoto es antitrágico. El milagro que se celebra es el de la subversión del orden de las causas y los efectos, un cambio en el destino, una liberación del mal.

Por la cualidad antitrágica del exvoto, y por su reconocimiento de la intervención divina en un rol protagónico, el sujeto de la situación traumática no es un héroe en busca de su destino, sino un pequeño ser humano que lucha por sobrevivir contra las fuerzas aplastantes de la sociedad y del universo. La representación pictórica lo muestra en su pequeñez y simplicidad, a menudo mediante un trazo ligero.

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Entre el relato pintado y la escritura dibujada (o caligrafiada) se pueden observar relaciones diversas. En algunos exvotos dibujo y escritura complementan sus sentidos en la elaboración de una narrativa. En otros, se privilegia el rol narrativo del gráfico o de las palabras. También hay exvotos en los cuales entre la imagen y las letras lo que surge es una fuerte ambigüedad.

La escritura, coloquial, cercana al lenguaje oral, jerarquiza la expresión emocional. Muchos de los letreros presentan errores de ortografía y una accidentada redacción, en ocasiones verdaderamente oscura. Para las personas analfabetas en lengua hispana, como una parte importante de la población mexicana incluso hoy en día, el relato visual de los exvotos, que apela a códigos familiares, ofrece un lenguaje comprensible.

Como Luque Agraz muestra los exvotos brindan una información antropológica e histórica única acerca de las condiciones de vida del pueblo mexicano. Por ello también a lo largo del tiempo varían sus motivos, desde la violencia fruto de las guerras civiles a los enfrentamientos actuales entre bandas de narcotraficantes, por ejemplo. Algunos exvotos hablan de enfermedades que el progreso de la medicina ha erradicado, como la viruela y el tétanos. También hablan de los accidentes debidos al mal estado de las carreteras y a la mala infraestructura en la red de servicios públicos (caídas en pozos de agua), etc.

Los diferentes cuadros tienen en común el hecho de retratar al ser humano en una situación de extrema vulnerabilidad. Las condiciones de vida de buena parte de la población mexicana hasta el día de hoy, tal como son mostradas, permiten entender que a menudo seguir vivo puede parecer un milagro.

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Uno de los aspectos más llamativos de estos exvotos es la intención de mostrar la escena traumática en toda su intensidad, para lo que se apela al detalle patético y al esquematismo expresionista. Esta mostración no responde exclusivamente a objetivos estéticos y religiosos. El exvoto es un objeto que se produce y emplea con fines utilitarios.

Además de permitir al humano congraciarse con lo divino, desde el punto de vista de la subjetividad cifrada en el exvoto, su puesta en escena vehiculiza cierto análisis, una reflexión sobre el hecho traumático. Para ello se recrea en el plano pictórico ese hecho que irrumpió en la vida con poder perturbador y amenazante a los efectos de que pueda ser significado de una manera positiva. Abre una vía para integrar el acontecimiento catastrófico en la historia personal.

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En algunos exvotos la escenificación de fantasías inconscientes es muy clara, al punto que las escenas parecen formar parte de un sueño. En ocasiones la propia elaboración plástica se basa en los mismos mecanismos que Freud subrayó respecto de la puesta en escena onírica: el desplazamiento y la condensación.


En el exvoto que agradece la salvación tras la caída desde un árbol se puede apreciar cómo Epifanio Chávez estaba mirando una corrida de toros encaramado a un árbol situado fuera de la plaza cuando la rama que lo sostenía se quebró y provocó su caída. Si nos fijamos en el sombrero que queda volando podemos sospechar que el efecto cómico ha sido buscado por el artista. A la izquierda el espectáculo aparece desplazado, de una corrida de toros se ha convertido en la adoración de la Virgen del Rosario de Talpa, a cuyos pies se arrodilla portando un cirio el agradecido devoto.

El exvoto que agradece la amputación de nada más que el dedo gordo del pie muestra la condensación entre la habitación del paciente en su casa y en el hospital. El aparador ha devenido lugar de los utensilios quirúrgicos. El quirófano, con el poster gigante de la calavera y los enormes frascos ante la ventana parece un museo o el laboratorio de un colegio. La calidad del dibujo y la pintura permite inferir que estos “deslizamientos” respecto de la realidad objetiva son producto de la fantasía creadora.


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Cada cultura dispone de formas específicas de tratar el malestar. El exvoto pictórico mexicano es un artefacto sanador, un objeto que funciona y tiene efectos reales para sus usuarios (amén de la fascinación que ejerce sobre los simples espectadores). Permite una elaboración “psíquica” (en términos freudianos) de un acontecimiento catastrófico cuyas marcas el sujeto necesita levantar (o si se lo prefiere “dejar caer”) para poder seguir adelante. La peculiar narración que este medio permite es la vía para esa reconstitución curadora. En este sentido, además de un recurso estético-religioso de agradecimiento a la divinidad, el exvoto es un elemento terapéutico, que permite al sujeto una operación fundamental: anudar en su historia una vivencia que de otra manera habría de producirle algún tipo de obstáculo.


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En este artículo me he propuesto mostrar cómo el exvoto pintado mexicano en tanto producto de la cultura popular, que surge al margen de las estructuras institucionales, funciona en base a los mecanismos que Freud explicó respecto del sueño en tanto producción del inconsciente y como herramienta para la elaboración de traumas, al igual que por ejemplo el juego infantil tal como lo desarrolla en “Más allá del principio de placer” (1920).


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Para ver algunos exvotos sugiero seguir este link: http://www.exvotospintados.mx/exposicion-exvotos/espaniol/files/assets/basic-html/index.html#1

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